El gasoducto bautizado como Trans Adriatic Pipeline. Imagen: Genti77El gasoducto bautizado como Trans Adriatic Pipeline. Imagen: Genti77

Una expansión internacional con problemas

La Empresa Nacional de Gas (Enagás) fue creado en los 1970 para gestionar las infraestructuras de transporte y almacenamiento de gas natural de España, y a ello se concentró durante las primeras décadas de su existencia. Fue bastante después de la salida a Bolsa en 2002 cuando Enagás comenzó su expansión internacional. Hoy está presente en ocho países, aunque el grueso de su negocio sigue en España. Con sus ocho plantas de regasificación en total, la compañía es una de las líderes mundiales en este negocio.

En el extranjero, Enagás participa u opera gasoductos, almacenes de gas y plantas de licuefacción y regasificación de Gas Natural Liquado (GNL), un sistema que permite transportar el combustible en barco.

La primera excursión internacional fue la compra de una participación en TLA Altamira, que opera una planta de GNL, en México, en 2011. En el país azteca, Enagás hoy participa también en la estación de compresión Soto la Marina y el Gasoducto de Morelos, con un 50% cada uno. La construcción de este último se enfrentó a fuertes protestas de las comunidades afectadas, que denunciaban incidencias de represión policial.

El siguiente paso un año después fue la inversión en la Planta GNL Quintero en Chile, donde la empresa española se ha quedado con el 45% del capital tras vender una parte a un fondo de pensiones canadiense en abril de 2017. Luego entró en Perú, donde tiene participaciones minoritarias en la Transportadora de Gas del Perú y en la Compañía Operadora del Gas del Amazonas. Su apuesta por formar parte del consorcio que debía desarrollar el Gasoducto Sur Peruano le salió mal a Enagás porque se ha visto involucrada en el escándalo de corrupción protagonizado por la constructora brasileña Odebrecht.

Además de los negocios en México, Chile y Perú, en las Américas Enagás solo mantiene una oficina en Houston, la capital del petróleo de EEUU.

En los últimos años, la empresa ha dado pasos en Europa. En Suecia posee el 50% de Swedegas, la operadora de la red de transporte de gas; y una participación del 16% en Trans Adriatic Pipeline, el proyecto internacional para construir un gasoducto que lleva el combustible desde Azerbaiyán hasta Italia, donde ha provocado varias protestas de los vecinos, agricultores y ecologistas.

En 2016, Enagás dedicó el 78% del total de sus inversiones de 912 millones de euros a las operaciones internacionales. La empresa seguirá analizando “exhaustivamente proyectos interesantes y posibles nuevas inversiones en paises atractivos para el desarrollo de infraestructuras gasistas”, según anuncia el presidente de la empresa, Antonio Llardén, en el informe anual de 2016. Pero añade que “lo haremos a un ritmo algo menor ya que, de alguna manera, tras invertir mas de 700 millones de euros en 2016 hemos adelantado una buena parte de las inversiones internacionales que teníamos previstas en el horizonte 2020”.

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