Central térmica de Meirama (A Coruña), propiedad de GNF.Central térmica de Meirama (A Coruña), propiedad de GNF.

Aves, agua y el coche de gas

En 2016 Gas Natural Fenosa era propietaria, arrendadora o gestora de 60.358 hectáreas adyacentes o dentro de zonas de especial protección para aves, espacios naturales protegidos, humedales dentro del Convenio Ramsar, reservas naturales, reservas permanentes de caza, sitios de interés ecológico, áreas de protección ambiental, áreas de recreo nacional, áreas de importancia para la conservación de las aves, monumentos nacionales y naturales, paisajes protegidos, reservas científicas, refugios de vida silvestre y otros espacios protegidos por su importancia ecológica, biológica e histórica, la mayoría localizados en España, Italia, Marruecos, Panamá, Chile, México, Costa Rica, Moldavia y Brasil. En total hay 166 especies animales en peligro de extinción cuyos hábitats están en zonas afectadas por las operaciones de GNF.

“En todos los casos, la compañía cumple con las exigencias dictadas por las administraciones públicas para minimizar los posibles efectos negativos”, dice en sus informes la empresa, que declinó responder a las preguntas de La Marea.

También el acceso a agua choca en distintos lugares del mundo con los negocios de GNF. La construcción de represas obliga a desplazar a un elevado número de personas de sus hogares, inunda tierras aptas para la agricultura y modifica el curso y caudal de los ríos, causando un impacto directo sobre el medio ambiente y la vida de quienes habitan las zonas afectadas, por no mencionar el riesgo de accidente por fugas de agua, por ejemplo.

La compañía cuenta con un “Plan de Acción del Agua” que pretende mejorar la gestión interna de este recurso vital y reducir su huella hídrica. La medida tiene sentido considerando que el 34,6% de la potencia instalada de GNF se encuentra en zonas secas con menos de 1.000 metros cúbicos de agua al año por habitante.

La compañía invirtió 15,62 millones de euros en innovación e investigación en 2015, es decir, el 0,5% de sus ingresos ese mismo año. La media de inversión en I+D+I de la industria energética a nivel global es del 1,2% de las ventas totales, según la consultora PwC, la misma que audita las cuentas de GNF y que tuvo entre sus directivos el hijo de Isidro Fainé, presidente de la gasista. De esos 15 millones, una quinta parte (2,8 millones) fue destinado a innovar en materia de energías renovables (el informe de 2016 señala que GNF dedicó 1,7 millones a innovación en renovables, pero no desglosa esa partida) .

La investigación en biometano fue la que más financiación tuvo dentro del cupo de las renovables (0,83 millones), mientras que la energía solar solo recibió 230.000 euros y la eólica 270.000, una cantidad similar al sueldo base de cada uno de los 17 consejeros de la compañía -sin contar las primas que conforman la mayor parte de la remuneración total-.

Coche gas: Gas Natural Fenosa pule su imagen “ecofriendly” tanto en medios de comunicación antiguos como nuevos. En El Español, el diario digital fundado por Pedro J. Ramírez, antiguo director de El Mundo, la empresa patrocina un espacio especial -un híbrido entre reportaje y propaganda, pues no tiene firma, a diferencia de otros textos similares de grandes multinacionales en el mismo medio, ni fecha ni fuentes independientes- para defender las bondades del coche impulsado por gas, que no solo “permite ahorrar mientras se conduce” sino que ayuda a hacerlo “respetando el medio ambiente”.

El gas natural en vehículos emite un 25% menos de partículas de CO2 respecto a los combustibles tradicionales y un 85% menos las emisiones de NOx (óxidos de nitrógeno). A pesar de eso, los vehículos propulsados por gas natural siguen emitiendo demasiados gases contaminantes como para cumplir los objetivos mínimos de los Acuerdos de París, que establecen mecanismos para que la temperatura global media del planeta no aumente más allá de los dos grados centígrados, lo que desencadenaría consecuencias impredecibles e incontrolables. Más allá de los postulados de expertos a sueldo que se presentan como independientes, el debate sobre este tema en el mundo académico pone de relieve que el gas como transición hacia un transporte sostenible y no contaminante roza lo utópico ya que habría que cambiar por completo las estaciones de servicio de todo el país y, además, la innovación tecnológica hace cada vez más fácil el acceso a los vehículos eléctricos, lo que dejaría obsoleto el gas vehicular en poco tiempo.

*Los datos aquí expuestos se corresponden al informe de Responsabilidad Social Corporativa de GNF de 2015 y no al informe de 2016 porque la compañía dejó de publicar y desglosar varias cifras que consideramos relevantes.

Índice completo del dossier #YoIbextigo sobre Gas Natural Fenosa aquí.

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josé bautista

josé bautista

Redactor de economía e internacional, centrado en el proyecto YoIbextigo.


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