El lago artificial recibe aportación de agua de diferentes ríos. Foto: Toni Martínez.El lago artificial recibe aportación de agua de diferentes ríos. Foto: Toni Martínez.

Endesa en Galicia: una playa sobre la mina de carbón

TONI MARTÍNEZ // Cuando el 31 de diciembre de 2007 se dejó de extraer carbón de la mina a cielo abierto de As Pontes, Endesa ya tenía en mente un plan. La empresa debía buscar una solución ante la obligación legal que tenía de rellenar el hueco que dejaba su actividad minera. “Llenémoslo de agua y hagamos un lago con una playa en el centro de Galicia”, debió pensar alguien en un despacho. Una solución rápida y relativamente barata para tapar un agujero de 806 hectáreas, con una profundidad superior a los 200 metros en algunas zonas.

Dicho y hecho. Durante cuatro años la empresa se dedicó a inundar el hueco de la mina. En total se necesitaron 547 hectómetros cúbicos de agua, más o menos lo que corresponde al consumo medio anual de 11 millones de españoles. El agua salió principalmente del río Eume, que aportó el 63% del caudal, y de varios arroyos y ríos como Illade y Meidelo.

Finalmente, en mayo de 2012, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo (PP), acompañado del máximo responsable de Endesa, Borja Prado, inauguró el lago. Durante el acto, los técnicos de la compañía energética aseguraron que el lago tendría olas de dos metros y una temperatura idónea para el baño de 25 grados centígrados. En agosto de ese mismo año, tras volcar 90.000 toneladas de arena en la orilla, se daba por inaugurada la playa en un acto presidido por Valentín González (PSOE), actual alcalde de As Pontes y presidente de la Diputación de A Coruña. El político proclamaba que a partir de ese día, el municipio se iba a colocar como uno de “los primeros destinos ambientales del país”.

Hoy, cinco años después, la realidad se aleja de aquella visión idílica. Es pleno mes de agosto. El pueblo ha amanecido con sol y una agradable temperatura de 24 grados. Sin embargo, a las 12.00 horas la playa está vacía. Solo unos pocos hacen prácticas con sus remos en piraguas y en el chiringuito dos personas beben un refresco. Nadie más. Mientras tanto, las costas gallegas cuelgan sus carteles de completo en la mejor temporada turística que se recuerda.

“A mí no se me ocurriría bañarme allí, a saber qué me pasa”, explica enigmática una vecina ante un corrillo de amigos. “¿Por qué?”. “No sé, no me fío”. Pese a ello, en la arena de la playa artificial, un cartel explica que las aguas reciben la clasificación de “Excelente”. “Es la mayor calidad posible”, apunta a través del correo electrónico Ramón José Valle García, responsable de Medio Ambiente de Endesa en As Pontes. El experto, sin embargo, no aclara dónde se han realizado esas mediciones ni si se hacen de manera periódica. “El lago es de dominio público hidráulico por lo que le corresponde a la Administración el control físico-químico y microbiológico en función de la legislación vigente”, aclara.

Los pequeños grupos ecologistas que se atreven a cuestionar el lago artificial inciden en que el mal inicial se produjo con la mina a cielo abierto y que esto únicamente es un parche. Sobre la calidad de las aguas, alertan de su carácter sulfuroso propio del terreno, algo que Endesa insiste en que solucionó con una gruesa capa de arcilla para evitar filtraciones.

Riesgo de tsunami

En todo caso, la mayor alerta ecologista viene por lo que el director del Instituto Universitario de Geología de la Universidad de A Coruña, Xoán Ramón Vidal Romaní, calificó como “una bomba de tiempo de la que no sabemos cuándo va a estallar ni sus consecuencias”. El lago artificial se sitúa sobre una falla activa. A su juicio, la inmensa cantidad de agua inyectada junto a la falta de resistencia geológica, podría provocar un tsunami a escala local de impredecibles consecuencias. Junto al lago, como cruel metáfora, el Ayuntamiento ha señalizado lo que denomina como “Paseo de la Memoria”, en recuerdo de los habitantes de las parroquias y aldeas que fueron expropiadas por Endesa y que han visto cómo sus tierras han acabado convertidas en una enorme balsa de agua. Eso sí, el paseo está patrocinado por Endesa.

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