La ‘igualdad formal’ de Endesa

Foto: Frankieleon.

Una de las medidas del IV Convenio Colectivo de ENDESA es “facilitar la incorporación de las mujeres en las vacantes que se produzcan en aquellos puestos de trabajo en los que se encuentren subrepresentadas”. A estos efectos –continúa el documento– se adoptarán, entre otras, las siguientes medidas: “En los supuestos de igualdad de condiciones de idoneidad, mérito y capacidad, tendrán preferencia para la contratación o adjudicación de las vacantes que se generen, en el Nivel Competencial de que se trate”. Hasta ahí lo que dice el papel. La realidad ha constatado, una vez más, la inaplicación de una acción positiva de género. O lo que es lo mismo: la igualdad, en la mayoría de los casos, sigue siendo formal. Así lo refleja una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que ha dado la razón a una trabajadora. La mujer perdió la vacante ofertada por la empresa a pesar de estar en igualdad de condiciones de mérito y capacidad que el hombre que obtuvo la plaza.

“El contexto objetivo de infrarrepresentación femenina no puede ser olvidado a la hora de efectuar una correcta valoración de méritos y capacidades de la actora en relación con el candidato seleccionado, pues permite detectar discriminaciones indirectas en la fase previa de valoración, es decir, con anterioridad a la aplicación, en su caso, de la acción positiva de género”, sostiene la ponente de la sentencia, la magistrada Gloria Poyatos.

“Hay que recordar que las discriminaciones indirectas –añade– son la modalidad discriminatoria más abundante en nuestro siglo y también visibiliza aquellas discriminaciones opacas o infravaloradas, que en muchas ocasiones aparecen soterradas bajo estereotipos y prejuicios banalizados en una sociedad que tan solo ha sido capaz de conquistar, hasta el momento, la igualdad formal. Esta nueva forma de discriminar en nuestro siglo, indirecta y más sutil, se oculta muchas veces tras decisiones aparentemente neutras que discriminan por razones de género perpetuando por ejemplo, la infrarrepresentación de las mujeres en determinados puestos de trabajo. Y ello tiene su reflejo incuestionable en la brecha salarial existente en el siglo XXI entre hombres y mujeres”.

Según la jueza, además, la empresa incumplió también otro artículo de su propio convenio, que establece que los trabajadores y trabajadoras que lleven a turno cerrado más de diez años “tendrán preferencia en la adjudicación de las vacantes que soliciten fuera de dicho régimen de trabajo, siempre que cumplan con los requisitos y capacidades exigidos para el desempeño del puesto”. La mujer también cumplía este requisito, mientras que el hombre seleccionado no.

“Los planes de igualdad en las empresas, y la inclusión en los mismos de actuaciones concretas para promover la igualdad de oportunidades e igualdad de trato entre hombres y mujeres en asuntos de empleo y ocupación, deben ser una herramienta real y no formal”, concluye la magistrada, presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE) y premiada en 2017 por la organización Women’s Link por juzgar con perspectiva de género.

Endesa en Galicia: una playa sobre la mina de carbón

El lago artificial recibe aportación de agua de diferentes ríos. Foto: Toni Martínez.

TONI MARTÍNEZ // Cuando el 31 de diciembre de 2007 se dejó de extraer carbón de la mina a cielo abierto de As Pontes, Endesa ya tenía en mente un plan. La empresa debía buscar una solución ante la obligación legal que tenía de rellenar el hueco que dejaba su actividad minera. “Llenémoslo de agua y hagamos un lago con una playa en el centro de Galicia”, debió pensar alguien en un despacho. Una solución rápida y relativamente barata para tapar un agujero de 806 hectáreas, con una profundidad superior a los 200 metros en algunas zonas.

Dicho y hecho. Durante cuatro años la empresa se dedicó a inundar el hueco de la mina. En total se necesitaron 547 hectómetros cúbicos de agua, más o menos lo que corresponde al consumo medio anual de 11 millones de españoles. El agua salió principalmente del río Eume, que aportó el 63% del caudal, y de varios arroyos y ríos como Illade y Meidelo.

Finalmente, en mayo de 2012, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo (PP), acompañado del máximo responsable de Endesa, Borja Prado, inauguró el lago. Durante el acto, los técnicos de la compañía energética aseguraron que el lago tendría olas de dos metros y una temperatura idónea para el baño de 25 grados centígrados. En agosto de ese mismo año, tras volcar 90.000 toneladas de arena en la orilla, se daba por inaugurada la playa en un acto presidido por Valentín González (PSOE), actual alcalde de As Pontes y presidente de la Diputación de A Coruña. El político proclamaba que a partir de ese día, el municipio se iba a colocar como uno de “los primeros destinos ambientales del país”.

Hoy, cinco años después, la realidad se aleja de aquella visión idílica. Es pleno mes de agosto. El pueblo ha amanecido con sol y una agradable temperatura de 24 grados. Sin embargo, a las 12.00 horas la playa está vacía. Solo unos pocos hacen prácticas con sus remos en piraguas y en el chiringuito dos personas beben un refresco. Nadie más. Mientras tanto, las costas gallegas cuelgan sus carteles de completo en la mejor temporada turística que se recuerda.

“A mí no se me ocurriría bañarme allí, a saber qué me pasa”, explica enigmática una vecina ante un corrillo de amigos. “¿Por qué?”. “No sé, no me fío”. Pese a ello, en la arena de la playa artificial, un cartel explica que las aguas reciben la clasificación de “Excelente”. “Es la mayor calidad posible”, apunta a través del correo electrónico Ramón José Valle García, responsable de Medio Ambiente de Endesa en As Pontes. El experto, sin embargo, no aclara dónde se han realizado esas mediciones ni si se hacen de manera periódica. “El lago es de dominio público hidráulico por lo que le corresponde a la Administración el control físico-químico y microbiológico en función de la legislación vigente”, aclara.

Los pequeños grupos ecologistas que se atreven a cuestionar el lago artificial inciden en que el mal inicial se produjo con la mina a cielo abierto y que esto únicamente es un parche. Sobre la calidad de las aguas, alertan de su carácter sulfuroso propio del terreno, algo que Endesa insiste en que solucionó con una gruesa capa de arcilla para evitar filtraciones.

Riesgo de tsunami

En todo caso, la mayor alerta ecologista viene por lo que el director del Instituto Universitario de Geología de la Universidad de A Coruña, Xoán Ramón Vidal Romaní, calificó como “una bomba de tiempo de la que no sabemos cuándo va a estallar ni sus consecuencias”. El lago artificial se sitúa sobre una falla activa. A su juicio, la inmensa cantidad de agua inyectada junto a la falta de resistencia geológica, podría provocar un tsunami a escala local de impredecibles consecuencias. Junto al lago, como cruel metáfora, el Ayuntamiento ha señalizado lo que denomina como “Paseo de la Memoria”, en recuerdo de los habitantes de las parroquias y aldeas que fueron expropiadas por Endesa y que han visto cómo sus tierras han acabado convertidas en una enorme balsa de agua. Eso sí, el paseo está patrocinado por Endesa.

El final del imperio de Endesa en Galicia

Rastros de la mina de carbón sin desmantelar. Foto: Toni Martínez.

TONI MARTÍNEZ // Dos ñandúes salen al paso de los caminantes que pasean por la estrecha acera situada cerca de las macro instalaciones que Endesa posee en As Pontes de García Rodríguez, un municipio en la frontera que separa A Coruña y Lugo. Junto a estos dos exóticos animales hay también gallinas, avestruces, un pavo real y varios ciervos, todos ellos a escasos metros de cuatro gruesas chimeneas que no dejan de echar vapor de agua, y otra mucho más fina y alta que expulsa humo producto de la quema de carbón. Con este pequeño zoo, que mengua año tras año, Endesa quiso demostrar a principios de la década de los 80 que era posible la convivencia feliz entre los seres vivos y su producción de energía.

La multinacional posee en la villa coruñesa una central térmica, una hidroeléctrica, un parque de carbón, dos presas y una amplia extensión de terreno que incluye un lago artificial creado en la antigua mina. La central y la mina asociada a ella han sido las infraestructuras más contaminantes del Estado español en los últimos años. La bonanza económica que vivía la zona tapaba cualquier denuncia de contaminación. Luis [no quiere que su nombre verdadero aparezca publicado en el reportaje] pertenecía a un pequeño grupo ecologista y asegura que la contaminación se notaba en las aldeas cercanas. “El polvo que flotaba en la atmósfera quemaba las cosechas; caía en una col y estaba perdida”, apunta. “Además –continúa– destrozaron muchas mámoas [dólmenes funerarios] de una riqueza patrimonial muy importante”. Luis señala a las presiones de Endesa y al carácter gallego la falta de presión social sobre la central, incluso ahora, cuando asegura que toda la contaminación que todavía produce la central acaba en el río y llega a Pontedeume, un municipio cercano.

Una frase explica muy bien el porqué de este desinterés. Siempre que se habla con un vecino acaba soltando un mantra que ha triunfado: “Dicen que la contaminación llega más a los ingleses que a los de aquí”. Aun así, obligada por las directivas comunitarias sobre contaminación, Endesa tuvo que cerrar su mina a cielo abierto a finales de 2007 y adaptar su chimenea a un tipo de carbón menos contaminante y que ahora mismo se importa desde Indonesia y EEUU a través del puerto de A Coruña.

Desde hace una década, diferentes organizaciones internacionales vienen alertando de los problemas que, pese a esos procesos de adaptación, todavía ocasiona la central térmica de Endesa en As Pontes. Por ejemplo, un informe realizado en 2008 por la consultora inglesa EMRC advertía de que se trataba del mayor foco emisor de toda Europa que más daños provoca a la salud debido a las altas emisiones de dióxido de azufre y de óxidos de nitrógeno. En 2013, la organización ecologista SOMO (Centre for Research on Multinational Corporations) publicó un informe en el que aseguraba que la continuidad de Enel-Endesa en As Pontes es responsable de 54 muertes prematuras al año, con un coste estimado en salud de 292.831.796 euros. Año tras año, la central térmica encabeza el ranking como la empresa más contaminante de España, según los datos hechos públicos por la Comisión Europea, al emitir 6,9 millones de toneladas de CO2 al año.

Pero esas cifras parecen tener los días contados. Desde 2005 se intuye el cierre de la instalación, algo que se teme en el municipio coruñés. “Si se va Endesa no hay alternativa”, se lamenta el profesor jubilado José María López, una opinión que comparten la mayoría de los vecinos. Xose M. Ribeira, jubilado de Endesa y ahora en la formación Xuntos por As Pontes, incide en que “no ha habido una transformación política para hacer frente a ese cierre” por lo que, a su juicio, tendría graves consecuencias.

A la espera de que llegue ese momento, Enel-Endesa ya ha ido dando sus primeros pasos. En 2005 empezó a utilizar solo carbón de importación, por lo que dos años después cerró su mina. En 2007, vendió varios equipos a la empresa polaca Kopalnia Wegla Brunatrego. En abril de 2012 acabó el proceso de recuperación del antiguo agujero que dejó la actividad minera. Ahora la empresa energética ya ha anunciado el cierre de su central térmica en Andorra (Teruel) para el año 2020 y detrás podría ir la de Compostilla, en León.

Lo cierto es que nadie en As Pontes habla mal de Endesa. Al menos nunca en público, y si lo hacen en privado dejan muy claro que no quieren que su nombre aparezca vinculado a ninguna crítica a la empresa. Ni siquiera hay un grupo ecologista en activo en un pueblo con una superficie de 249,37 km cuadrados, el más extenso de la provincia. La mayor parte del término municipal, excepto la ocupada por Endesa, son bosques y caminos rurales. Tampoco los partidos políticos cuestionan la central. Un parque inaugurado por el alcalde del Bloque Nacionalista Galego (BNG) que gobernó tres legislaturas (1995-1997 y 1999-2007) y el presidente de Endesa muestra la buena sintonía entre empresa y poder político.

Ribeira lo explica sin ambages. “Los alcaldes nunca le plantaron cara a la central”, afirma. Y critica que el dinero que dejó Endesa en las arcas municipales “se usó para hacer obras y no para pensar en el futuro creando un tejido industrial”. Ribeira reparte culpas entre todas las formaciones políticas: “Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. El pueblo vive de la central, pero cuando se vaya…”. Ribeira fue dirigente del sindicato CIG (Confederación Intersindical Galega), mayoritario en Endesa. Sobre aquella época pone en valor la lucha sindical. “Hubo 29 muertes en el montaje de la central e hicimos huelgas muy fuertes”, recuerda. Como anécdota relata una situación vivida “poco antes de morir Franco”, cuando “llegó un inspector de trabajo para impedir una huelga, era Paco Vázquez”, quien después sería alcalde de A Coruña y destacado dirigente socialista.

Los trabajadores de la entonces empresa pública tienen varios derechos adquiridos durante años. Entre ellos, destaca que ninguna de las familias que allí trabajaban pagan la luz y que sus hijos tenían los estudios universitarios pagados. Además, se creó una “caja de previsión social de los trabajadores de la Empresa Nacional de Electricidad S.A.” en octubre de 1985, que nació con 18 millones de pesetas de subvención inicial y una aportación anual por cada empleado fijo. Esta situación hizo que muchos de ellos se jubilasen y prejubilasen, con un fondo de pensiones con el que complementan la paga que reciben de la Seguridad Social y que muchos usaron para irse del municipio. Porque As Pontes creció al calor del negocio energético, aunque desde la última década está perdiendo fuelle y vive pendiente de lo que decidan los propietarios italianos sobre su futuro.

Zona de almacenamiento del carbón con la central térmica al fondo. Foto: Toni Martínez.

La evolución desde 1976

Endesa llegó a la localidad en 1976, tras la decisión en febrero de 1972 de traspasarle el patrimonio mineroeléctrico que la Empresa Nacional Calvo Sotelo (ENCASO) poseía en esa población. Durante 31 años explotó el mineral de la mina a cielo abierto. A lo largo de esos años, el típico paisaje gallego de bosques y prados se vio modificado por la central termoeléctrica de carbón con cuatro grupos de 350 MW cada uno y una chimenea de 356 metros. Junto a ellos, una mina a cielo abierto que ocupaba siete kilómetros de largo y entre uno y tres kilómetros de ancho, y un parque de carbón para almacenar este combustible, con una superficie de 10 hectáreas y una capacidad de almacenamiento de 250.000 toneladas. Estas cifras llevaron al entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga, a definirla como una de “las joyas de la corona” junto a empresas como Repsol, Iberia y Renfe. Todas ellas fueron privatizadas.

As Pontes de García Rodríguez tenía en 1970 un total de 7.916 habitantes. Una década después, la población creció casi un 40%, una situación que se mantuvo con ligeros altibajos hasta el cierre de la mina. Desde entonces, la población va en claro descenso. En 2016 cuenta, según el Instituto Nacional de Estadística, con 10.399 habitantes: 5.308 son mujeres y 5.091 son hombres. En 1990 había 13.717 personas empadronadas en el municipio: 6.994 hombres y 6.723 mujeres.

Para poner en marcha la emergente industria eléctrica se promocionó un crecimiento demográfico sin precedentes en la zona. En un folleto de 1984, Endesa definía a los habitantes de As Pontes como “tradicionalmente agricultores y ganaderos sembrados aquí y allá por los caseríos o afincados en el casco urbano” que, gracias a la central, “tienen hoy hábitos de una ciudad industrial con ambiente en sus calles, mercados, lugares de esparcimiento”.

Con el objetivo de hacer frente a la llegada de nueva mano de obra, Endesa proyectó la construcción de cuatro poblados donde ubicar a sus trabajadores. Los primeros fueron el de A Magdalena y el de la Fraga, ambos en 1974. Un año después llegó el de O Muiño, con 48 viviendas para acoger a ingenieros y peritos. El círculo se cerró con la construcción del poblado de Barreiro que, unido al de la empresa de fertilizantes Enfersa que absorbió Endesa, sumaron 948 viviendas. En los mejores años la central llegó a tener una plantilla de cerca de 2.500 personas. Hoy son poco más de 155 los trabajadores directos. El paso de los años se nota en las viviendas y su entorno. El lateral del poblado de Barreiro aún está cercado por una especie de naves industriales que hacen las veces de almacén o garaje. Alrededor, las plazas de aparcamiento de las calles aledañas están vacías. Parece un barrio fantasma. La despoblación es tal que la Xunta de Galicia ha anunciado el cierre de uno de los cuatro centros educativos de la población, el Monte Caxado, que llegó a tener hasta tres clases por curso en los años 80 y 90.

José María López, profesor jubilado de ese colegio, rememora también aquella época de bonanza. “Aumentó el nivel de vida, y es algo que notaron los que no trabajaban en Endesa, que vieron cómo se dispararon los precios, los pisos y la alimentación; mientras algunos se cambiaban el coche cada 4 o 5 años”, señala. Pero también habla de aquellas familias que fueron expropiadas y que debieron abandonar sus actividades tradicionales agrícolas y ganaderas para acabar en un piso. “Nunca se adaptaron”, sentencia.

En el centro del pueblo, un local recuerda la importancia de los extrabajadores de la central. En un bajo comercial se encuentra la Asociación de Prejubilados de Endesa As Pontes. La organización explica que “en la prejubilación aplicada de 2005 a 2012 se marcharon 1.500 trabajadores, en un proceso pactado por empresa, sindicatos y Gobierno, con subvenciones europeas”. Unos años antes, con el cierre de la mina, ya habían sido prejubiladas 500 personas. Muchas de ellas se volvieron a sus lugares de origen y otras abandonaron el pueblo al comprarse una casa con el dinero que recibieron.

Dudas sobre el futuro de la central

En Europa hay 280 centrales térmicas que representan el 39% del total de las emisiones de gases contaminantes. Por ese motivo, la UE publicó a principios de agosto la nueva normativa que limita este tipo de emisiones. De hecho, la central de As Pontes ya se comprometió en 2010 a reducir un 75% sus emisiones de dióxido de azufre hasta 2020, un 50% las de óxido de nitrógeno y un 80% el lanzamiento de partículas a la atmósfera, para lo que ha anunciado ahora una inversión de 218 millones de euros. La nueva normativa, publicada el pasado 17 de agosto, es más restrictiva y según la European Climate Foundation tendrá un coste añadido para las plantas españolas de 1.119 millones.

Para Ecologistas en Acción la mayoría de las centrales no podrá hacer frente a esa inversión y deberán cerrar. Si llega ese momento, será el adiós definitivo de Endesa a As Pontes de García Rodríguez. Falta por conocer qué sucederá con las miles de hectáreas que la empresa aún tiene en el entorno del municipio, extensas zonas de terreno que están valladas. Por ahora no hay ningún plan B para cuando llegue ese momento. El agua cubrió el agujero de la antigua mina, pero no hay previsto ningún río para llenar el vacío que dejará Endesa en Galicia tras explotar sus recursos naturales durante cuatro décadas.