David Jiménez, autor de ‘El Director’

David Jiménez: «Necesitamos volver a depender del lector y no del IBEX para recuperar la dignidad del periodismo»

«En las redacciones se había interiorizado que empresas como Telefónica, el Banco Santander o El Corte Inglés eran intocables. Los Dircom del IBEX habían adquirido un gran poder sobre los medios, distribuyendo sus presupuestos en función de la influencia que atribuían a cada uno y castigando a los díscolos». David Jiménez, exdirector de El Mundo, ha provocado un auténtico terremoto dentro del sector del periodismo con su libro El Director (Libros del K.O). En sus páginas han quedado plasmados los poco más de 365 días que ejerció como cabeza de uno de los diarios más importantes del país.

Criticado y alabado, Jiménez recoge algunas de las perversiones que se han normalizado dentro del mundillo: empresas que cuadran el balance de cuentas de los medios de comunicación a final de año para asegurarse coberturas amables, periodistas a sueldo de grandes compañías, regalos irrechazables… «Comprar un periodista no es posible, pero del alquiler podemos hablar», denuncia en El Director.

En el libro da algunos nombres, pero ¿cuáles son las empresas del IBEX (o grandes empresas en general) ‘más peligrosas’ para el periodismo?

La actitud de las empresas cambia según quién ocupe su presidencia o la persona que lleva la comunicación en su momento. Por ejemplo: Telefónica bajo la presidencia de César Alierta, cuando yo era director, era una multinacional que coartaba la libertad de prensa, premiaba a periodistas dóciles con una lluvia de dinero y utilizaba la publicidad para acallar a los medios. Pero su actual presidente, José María Álvarez-Pallete, tiene una actitud hacia los medios completamente diferente y se ha producido una clara mejora. Lo mismo puede decirse de El Corte Inglés, otro de los grandes anunciantes que durante décadas mantuvo una ley del silencio sobre sus actividades y que hoy es más receptiva a las críticas. Lo que vemos es que, a la hora de informar de empresas del IBEX, existe una gran autocensura. Llevamos tanto tiempo protegiendo a esas empresas y sus directivos que en muchas redacciones ni siquiera es necesario dar instrucciones, todo el mundo sabe cuáles son intocables.

«El IBEX era un enemigo que no querías tener». ¿Peor que un ministro?

Para una prensa en dificultades como la española, sí, es una presión mucho más difícil de soportar. Un diario que tiene dificultades para pagar la nómina de sus periodistas no puede permitirse la retirada de publicidad de una gran cuenta del IBEX. Los directivos de las grandes empresas lo saben, huelen tu debilidad y aprietan más o menos en función de tu fortaleza. Hay una escena en El Director donde se me dice que piense en «la redacción» para pedirme que frene un artículo sobre César Alierta. Es el chantaje emocional: te están diciendo que si no aceptas el juego de los favores habrá consecuencias para tus compañeros. El periodismo ha sobrevivido en España gracias a los favores del IBEX. Si un director intenta romper esas ataduras, como fue mi caso, pasa a convertirse en un obstáculo y es eliminado. Y que pase el siguiente.

¿De qué formas se presiona desde una gran empresa a un medio de comunicación? ¿Cómo tienen mayor capacidad de influencia: siendo propietarias del medio, mediante la publicidad, perteneciendo a los consejos de administración…?

Todo está entremezclado. El poder económico, el político y el mediático tienen los mismos intereses, comparten enemigos y aliados. Los directivos de las grandes empresas de comunicación de este país pertenecen a un establishment que opera en consonancia con los otros dos poderes: protegen a sus amigos en el círculo de poder político y económico. La presión de esos tres poderes se traslada luego a las redacciones y es efectiva sobre todo porque los directivos que deberían estar con sus redacciones en realidad trabajan como aliados de quienes coartan su libertad. El enemigo, en cierto modo, está en casa. Una de las razones es evidente: la salida laboral de esos ejecutivos de medios está en el IBEX o en sus consejos de administración, a los que esperan llegar cuando dejen el sector. Una manera de garantizarse un buen futuro laboral es empezar a trabajar para esos poderes desde dentro de los medios.

Unidas Podemos ha puesto en el centro del debate el tema de la propiedad de los medios de comunicación proponiendo que los bancos no puedan pertenecer al accionariado de estos. ¿Cree que es necesario poner en marcha una medida como esta?

Estoy a favor de que existan medios privados de comunicación que legítimamente quieran ganar dinero. Pero cuando uno es dueño de un diario, una radio o una televisión tiene una responsabilidad hacia la ciudadanía que no existe en otros sectores. No estás fabricando tornillos, sino distribuyendo información que tiene consecuencias. Por eso incluso los medios privados deben ser protegidos de intereses económicos que pueden utilizar su músculo financiero para controlar la información o manipularla. Habría que encontrar un equilibrio entre la libertad de inversión y medidas que garanticen que sectores como la banca no puedan condicionar la independencia de medios de comunicación.

¿Se puede ser independiente teniendo las páginas o la web plagada de publicidad de grandes empresas? ¿Cuál es su opinión sobre los contenidos patrocinados?

El problema es que publicidad e información han sido mezclados hasta hacerse indistinguibles. Se hace pasar por una noticia lo que es un anuncio, sin decírselo al lector. Hay que decir al público qué es exactamente lo que estás publicando y advertirle cuando se trata de un contenido patrocinado. La única manera de lograr la independencia total es lograr que tus lectores sean tus jefes y quienes pagan tus facturas. Por eso el modelo de suscripción es vital para el periodismo. Necesitamos volver a depender de los lectores y no del IBEX para sobrevivir.

Sin embargo, es posible tener influencia incluso sin aparecer entre los anuncios del periódico. Usted habla del ‘caso Mercadona’.

Mercadona es un caso interesante porque la empresa siempre ha vendido su éxito a pesar de «no invertir en publicidad». Lo que no se cuenta es que la empresa paga grandes cantidades de dinero a los medios en patrocinios que no se traducen en publicidad. El hecho de que los medios oculten esas partidas es significativo. ¿Alguien puede pensar que una empresa entrega un dinero a un medio de comunicación a cambio de nada? ¿Sin esperar un trato de favor de algún tipo o una cobertura amable? Es un dinero que termina condicionando la manera en la que la prensa cubre esa empresa. El resultado es más efectivo que la publicidad.

Hay veces en las que las grandes empresas no pueden silenciar importantes informaciones. Lo hemos visto últimamente, por ejemplo, con el ‘caso Villarejo’ y compañías como BBVA. ¿De qué formas apagan estos fuegos las empresas?

La pregunta es: ¿por qué no salió antes esa información y solo se publica cuando Francisco González deja la presidencia del banco? Porque ahí está la clave. Durante décadas era imposible leer una noticia negativa del banco o de su principal ejecutivo. El BBVA, bajo su mando, invirtió grandes cantidades de dinero en Los Acuerdos, ese sistema que se describe en El Director por el cual las multinacionales del IBEX pagan a la prensa mucho más dinero publicitario del que les corresponde por audiencia.

Otro ejemplo: Emilio Botín. Cuando murió, los obituarios en la prensa parecían estar describiendo a Teresa de Calcuta. Los grandes empresarios han comprado su reputación a la prensa a través de Los Acuerdos. Han sido intocables y solo dejan de serlo cuando pierden el poder. Algunos no dejan de serlo ni después de muertos.

¿Cuál ha sido el papel de la crisis en la pérdida de la ética en los medios de comunicación?

La crisis ha sido una excusa para violar las normas más elementales de la ética periodística. Pero engañaríamos si dijéramos que todo empezó con la crisis. Los Acuerdos y el Gran Juego de los Favores que se describe en El Director ya tenían lugar en la época de bonanza, cuando los diarios ganaban fortunas. Lo que ocurre es que con la crisis la decadencia se acelera, el poder huele las debilidades del oficio y empieza a exigir una entrega mayor a sus intereses. Y claro, muchos medios claudican porque no se sienten con capacidad para resistir. Los principales diarios españoles habrían desaparecido durante la crisis sin los favores del IBEX. Todavía están pagando su devolución.

En el libro se presenta como el salvador de una redacción asediada por los grandes ejecutivos, tanto españoles como italianos. Sin embargo, decidió sacar adelante el periódico el segundo día de paros cuando la mayoría de la redacción había decidido hacer huelga. ¿Se arrepiente?

No creo presentarme como el salvador y, de hecho, hay buenas dosis de autocrítica a mi propia gestión. Pero fui leal a los lectores y a la redacción, especialmente durante los días de huelga. El diario no había salido la semana anterior y el segundo día de huelga decidimos sacarlo con los compañeros que acudieron a trabajar. Los accionistas italianos me habían comunicado que si el diario no salía a la calle por segundo día despedirían a 94 personas, con la indemnización mínima. Estoy orgulloso del periódico que sacamos a la calle: evitó decenas de despidos, evitó la ruptura de las negociaciones y permitió al Comité de Empresa llegar a un acuerdo que se tradujo en prejubilaciones, bajas incentivadas y una reducción de las salidas. Mi oposición al ERE y la defensa de los periodistas de El Mundo fue una de las razones de mi cese. Tanto es así que terminé siendo el primero en ser incluido en la lista del ERE.

Le han criticado que hable de los cotilleos propios de una gran redacción o que se sorprenda de dinámicas básicas como recibir regalos por el simple hecho de ser periodista. ¿Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de este tipo de contrapartidas? ¿Las hemos normalizado?

Nos ha pasado lo mismo que a los políticos. Hemos normalizado lo que no es normal: las presiones, los despidos de colegas por hacer su trabajo, las prebendas y privilegios de la profesión, nuestra inmunidad a la crítica… Los periodistas estamos acostumbrados a atizar a los demás, pero no a nosotros mismos. Si mi libro hablara de las intrigas, corruptelas y defectos de la banca, quienes lo critican aplaudirían. Pero los periodistas nos hemos creído por encima de la verdad. Se dice en el libro: nos gusta contar una buena historia, pero no la nuestra. Y es así. El Director trata de romper esa regla no escrita que nos ha protegido y ha permitido que el oficio se corrompiera.

Pasó con la Monarquía, que acabó perdiendo esa especie de sobreprotección que tenía en los medios. ¿Pasará con las grandes empresas?

El sistema está tan enquistado, la dependencia de la prensa tan enraizada, que será difícil. La prensa tradicional está enganchada a Los Acuerdos y el modelo de favores como un yonkie a su droga. Veo difícil la rehabilitación. Pero en cambio están surgiendo nuevos medios digitales y proyectos periodísticos que buscan modelos alternativos, sobre todo a través del apoyo de sus lectores. Creo que el futuro va por ahí: necesitamos volver a depender del lector para recuperar la dignidad del oficio.

¿Quiénes son ‘Los Intocables’?

El destino de España está en manos de un centenar de personas pertenecientes a un establishment formado por empresarios, políticos y capos mediáticos. Lo mismo deciden quién es director de un diario que cómo debe regularse la banca. Y su poder, con la crisis, ha aumentado. Todos los países tienen sus élites, pero en los más avanzados quienes abusan de su influencia tienen una prensa que no les deja dormir por la noche. Aquí, en cambio, lo hacen a pierna suelta. Por eso es tan importante un periodismo independiente y combativo que vigile el sistema y denuncie sus excesos. Donde no existe una prensa libre, hay impunidad.

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Dani Dominguez

Dani DominguezCoordinador de #yoIBEXtigo. Graduado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Comunicación Política. Con la lupa puesta sobre las grandes empresas. Músico y extremeño.

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