trabajadores de ArcelorMittalUn trabajador de ArcelorMittal mide cables de acero. Foto: REUTERS/Dado Ruvic

Diez años de ERTE en el corazón laboral asturiano

Los años 90 pasaron y la plantilla de ArcelorMittal en España dista mucho de los cerca de 30.000 trabajadores que llegaron a sumar AHV y Ensidesa, sus antecesoras, en aquella década. Aun así, la gran siderúrgica mundial aparece en el puesto 55 de las empresas con mayor número de empleados en España, según información recabada por la web Einforma referente al año 2016. Según este portal de empresas, aquel año ArcelorMittal contaba con 6.800 trabajadores, pero la compañía cifra en 8.720 el número de trabajadores en España en 2016, a los que suma otros 2.101 subcontratados.

En 2017 la plantilla la formaban 8.605 personas, más otros 2.380 subcontratados. La mayoría de ellos residen en Asturias, donde la empresa es, desde hace décadas, la máxima generadora de empleo. El resto se divide entre las plantas que la multinacional tiene en Bizkaia, Gipuzkoa, Navarra, Zaragoza y Valencia. Hace ya una década que en todas estas instalaciones está en vigor un expediente de regulación de empleo temporal (ERTE), que se ha ido prorrogando periódicamente y que se mantiene hasta 2022.

La última prórroga del ERTE, anunciada a finales de 2018, afecta a más de 1.600 trabajadores y está motivada, según la empresa, por la bajada de demanda del sector automovilístico y el aumento de las importaciones de acero en la Unión Europea desde Turquía. También pesan otros factores de riesgo como el Brexit, la situación de los presupuestos en Italia, el riesgo de carrera comercial, la “sobrecapacidad de China”, la pérdida de competitividad por el incremento de los costes vinculados a las emisiones de CO2 y las caídas de la empresa en los mercados bursátiles. Desde el departamento de comunicación de la multinacional desconocen si la situación será temporal o más prolongada.

“Es una situación que entendemos que puede ser coyuntural, y el uso de esta herramienta [el ERTE] es un mal menor”, afirma José Manuel Castro, secretario general de CCOO en ArcelorMittal. Castro explica que el plan de acompañamiento social que aceptó la empresa comprende un complemento de hasta el 90% del salario y el 100% de las pagas extras, además de las vacaciones. “Juntando las pagas, se pierde solo un 6% o un 7% del salario, y se evita que se tenga que despedir a eventuales”, añade.

Las cuentas de ArcelorMittal, sin embargo, no bajan. En 2018 sus beneficios aumentaron el 22,1% y además compró la principal siderúrgica italiana, Ilva, con la que ha acordado mantener a los 10.700 trabajadores que componen su plantilla.

“El ERTE está regulado legalmente y la compañía puede aplicarlo. Además, desde 2012 hay una legislación más laxa con las empresas por la que, con la simple previsión de pérdidas, cualquiera puede aplicar un ERTE”, continúa Castro. Desde otros sindicatos como CGT y LAB consideran la nueva prórroga del ERTE como “una especie de abuso”. “Llevamos desde 2009 con prórrogas. En su momento los números que presentaron eran adecuados, pero ahora la empresa no ha tenido que presentar ninguna documentación para demostrar que es necesario por una cuestión económica”, denuncia Vicente Vila, delegado de CGT en ArcelorMittal en Sagunto (Valencia). 

Jonan Goñi, de la Federación del Metal del sindicato LAB, destaca que varias de las personas que en 2009 firmaron el ERTE hoy carecen de ningún cargo sindical. “Se trata de un ERTE que arrastramos desde 2009, y eso, más allá de que pueda ser más o menos legal, es poco ético o moral”, apunta.

Menos plantilla en España

El número de trabajadores de ArcelorMittal en España está a la baja. Así lo muestran los datos de la propia empresa publicados en las sucesivas memorias anuales. De los 9.875 empleados que tenía en 2012 pasó a 9.390 en el año 2015. A partir de entonces se acentuó un poco más la destrucción de empleo, con una plantilla en 2016 de 8.720 trabajadores. En 2017, el último año del que hay datos cerrados, contaba con 8.605. Una caída discreta, pero constante. En los mismos años, el número de subcontratados  mantuvo un ritmo mucho más lento, pero ascendente: de los 1.935 que había en 2012 se pasó a los 2.379 de 2017.

“Desde 2013, la plantilla en Asturias se mantiene estable, incluso ha aumentado”, afirma Castro. A sus 50 años, este sindicalista trabaja en la factoría de Avilés desde hace casi dos décadas. “En otras plantas sí es cierto que ha habido pérdida de empleo, se han cerrado fábricas enteras, como la de Villaverde. O usan ETT para las contrataciones, pero Asturias es una especie de oasis en contraposición a lo que ocurre en otras plantas de ArcelorMittal”. La multinacional cuenta con dos factorías en el Principado, ubicadas en Avilés y Gijón.  

Entre ambas suman 16 kilómetros de instalaciones que incluyen tres embalses y dos salidas a puerto. En ellas trabajan cerca de 6.000 personas a los que se suman el 70% de los cerca de 2.500 trabajadores de la industria auxiliar de la siderurgia en Asturias, según cifró en diciembre la secretaria general de la patronal del metal asturiana Femetal, Marisa Pérez. En la actualidad, las dos plantas tienen una capacidad de producción de cinco millones de toneladas de acero cada año. Gran parte son los llamados ‘productos planos’, como la hojalata usada para las latas de conserva y refresco.

Las nuevas inversiones emprendidas por ArcelorMittal hace que se espere incluso un aumento del trabajo: mejoras en la acería de Avilés —que este año afronta la segunda fase de reformas—, nuevas baterías de cok en Gijón, inversiones en el tren de chapa y en el de carril… 

El País Vasco es la segunda comunidad que concentra más trabajadores de ArcelorMittal, aunque el personal aquí no ha dejado de menguar. “Desde 2007, cuando Mittal compró las plantas de Arcelor, la plantilla ha bajado más del 55%. Es decir, por cada dos puestos de trabajo se ha perdido uno”, explica el sindicalista Jonan Goñi. Pese al ERTE, desde 2009 ArcelorMittal ha prescindido de 915 trabajadores en sus factorías vascas. “Eso da una idea del abuso que es aplicar el ERTE: son medidas excepcionales previstas en la legislación para evitar decisiones traumáticas como son los despidos. Y en las plantas del País Vasco se está destruyendo empleo”, prosigue. 

De ese cerca de un millar de puestos de trabajos perdidos, algo más de 300 fueron en la planta de Zumárraga, en Gipuzkoa. El municipio, cuya economía dependía en gran medida en ArcelorMittal, recibió un duro golpe cuando en 2016 la empresa decidió cerrar la factoría. Hasta entonces especializada en productos siderúrgicos largos destinados a la construcción. Tenía 350 trabajadores en plantilla y otros 200 puestos de trabajo dependían de forma indirecta de esta actividad.

La historia de la planta de Zumárraga es el triste ejemplo de la siderurgia peninsular. De los 3.000 trabajadores que llegó a tener cuando aún operaba bajo el nombre de Esteban Orbegozo, se pasó a unos cientos cuando se integró en Aceralia. Desde marzo de 2016 se ha convertido en un almacén de chatarra. El mismo destino que tuvo, un año antes, la única planta de producción de Arcelor en Madrid, la de Villaverde.

En Guipuzkoa continúan activas otras dos plantas, la de Olaberria —cuyos orígenes se remontan a la Corporación Aristrain—, y la de Bergara, que en 2017 vio perder 40 de sus 150 empleos. Entre las dos suman actualmente 530 trabajadores.

“Más que destruir, lo que se está haciendo es precarizar el puesto de trabajo”, explica Goñi sobre los otros 600 empleos perdidos en País Vasco. Señala que, mientras la empresa destruye puestos de su plantilla directa, ha ido subcontratando a trabajadores de forma masiva, “con condiciones laborales sensiblemente peores, o incluso procedentes de ETT”.

La planta de Etxebarri, que data de la los años 60, cuando Altos Hornos de Vizcaya (AHV) dominaba la siderurgia estatal, fue el escenario de la huelga más larga que sufrió el régimen franquista, conocida como “Huelga de Bandas”. Entonces la plantilla ascendía a 960 trabajadores, de los que más de 800 participaron en la protesta y 564 fueron despedidos. El paro se prolongó durante seis meses. Hoy, la plantilla de Etxebarri es de 370 personas

La historia de la planta de Sestao también se remonta a AHV. Fue cerrada en 1996 por el Ministerio de Industria y reabierta un año después con dinero del Gobierno vasco, que mantuvo hasta 2011 el 11% de su capital. Hoy mantiene 200 puestos de trabajo de los 300 que tenía hasta 2015.

En Zaragoza, tras vender a la compañía gallega Megalsa su fábrica de productos largos, ArcelorMittal mantiene la planta Tailored Blank, en Pedrola, dedicada a la fabricación de piezas de automóvil, y a la que quieren enfocar al coche eléctrico. Su plantilla pasó de sobrepasar levemente el centenar de trabajadores en 2016, a los 92 del pasado año, cuando la matriz anunció que invertiría tres millones de euros en la planta.

En Navarra, en 2017 ArcelorMittal compró las factorías de Lesaka y Legasa, que producen chapa galvanizada y dan trabajo a unas 260 personas.

En Sagunto a día de hoy son poco más de 700 los trabajadores que componen la plantilla, pero llegaron a ser más de 1.200. Vicente Vila trabaja en estas instalaciones desde 2001 y sí que identifica cambios en las condiciones laborales desde que Arcelor fue adquirida por Mittal, sobre todo a partir de la reforma laboral de 2012: “Dio unas herramientas a las empresas para que hagan lo que quieran”. Vila denuncia el aumento en la carga de trabajo en estos 18 años, a pesar de la automatización de muchos empleos. “Hemos pedido controles psicosociales para que se evalúe el nivel de estrés, que es mucho mayor que antes”, continúa. Un estrés que vendría ocasionado por la bajada de plantilla.

Otros 29 trabajadores subcontratados en la planta de Sagunto han denunciado tanto a ArcelorMittal como a la empresa de la subcontrata, Serpusa, que funciona como ETT. Muchos de ellos trabajan desde hace 20 años para ArcelorMittal con jornadas de 28 o 29 días al mes, sin derecho a vacaciones ni a pagas extras. “Entienden, y nosotros también, que es una cesión ilegal de trabajadores”, explica Vila. El conflicto ha acabado en los tribunales.

Siniestralidad laboral

El año 2019 comenzó con una muerte en una de las plantas españolas de ArcelorMittal. Tenía 54 años. Acudió al equipo médico de la empresa al sentirse indispuesto y le derivaron al hospital, donde murió. Es uno de los llamados “accidentes mortales no traumáticos”, al no estar relacionados con golpes. Uun tipo de siniestros que, según el sindicato ELA, va en aumento y se relaciona con el aumento de la precariedad y las malas condiciones de trabajo. En 2017 y 2018, ArcelorMittal no registró ningún accidente mortal en sus instalaciones en España. Desde la empresa señalan que el índice de frecuencia, que mide el número de siniestros con baja laboral por cada millón de horas trabajadas, fue del 0,99 en 2016, algunas centésimas menos que en 2017 —1,07— pero, según se puede ver en la última memoria publicadade la empresa, cinco centésimas más que en 2015. 

“Por suerte o por desgracia, a mí me tocó vivir cuatro accidentes mortales en esta fábrica, y desde entonces han mejorado muchas cosas”, afirma Castro sobre la acería de Avilés. El sindicalista cifra en 481 los trabajadores fallecidos en las instalaciones de ArcelorMittal en todo el mundo desde 2006, año de la fusión entre Arcelor y Mittal. “El año pasado fueron 10 [ninguno en España], frente a los 23 de 2017, pero siguen siendo números inadmisibles”, continúa.

El trabajo en el metal es uno de los sectores que presenta más peligrosidad. Según el último Informe anual de accidentes de trabajo,de 2017, elaborado por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, el sector de la metalurgia tuvo un índice de incidencia de accidentes en España de 7.651 —por cada 100.000 trabajadores—, un 6,8% más que en el año anterior. Es el octavo sector, de un total de 44, con más accidentalidad, y el sexto que más ha subido entre 2016 y 2017.

“Más allá de que es una actividad muy agresiva, en la que los accidentes conllevan consecuencias graves, se han hecho mejoras en cuanto a la formación, pero nunca es suficiente”, continúa Castro. “En Asturias hemos mejorado, pero seguimos a veces teniendo suerte en según qué facetas, y la suerte en la prevención de riesgos laborales no es un factor muy fiable ni muy a tener en cuenta”.

En noviembre de 2018 falleció un empleado de una de las subcontratas de la empresa —Acciona-Jofrasa— encargada de la limpieza de las instalaciones de ArcelorMittal en Avilés. En enero de 2014, otro trabajador subcontratado murió tras sufrir quemaduras en la misma planta. Cuatro meses antes perdió la vida otro trabajador —subcontratado a través de la Unión Temporal de Empresas TSK-Isastur— al impactarle una grúa, también en Avilés.

Las plantas de ArcelorMittal en País Vasco también han sido escenario de varias muertes en los últimos años, además de la que tuvo lugar en enero de 2019 en Etxebarri. La ya cerrada planta de Zumárraga contó la muertes de tres trabajadores en solo cinco años. El último, de 39 años, en junio de 2015, falleció tras caer desde una grúa a una altura de 12 metros. Un año antes, otro trabajador moría al ser atropellado por una carretilla, y, en 2011, otro más al caérsele encima unas barras de hierro.“En las plantas de ArcelorMittal hay accidentes laborales, aunque luego se quieran ocultar”, afirma Goñi. “Una acería es un entorno peligroso, y las condiciones, cada vez más precarias, también influyen”, concluye.

CONTINUAR LEYENDO

¿Crees que este artículo se podría publicar sin…

la independencia que nos da ser un medio financiado por personas críticas como tú? En lamarea.com no dependemos de anuncios del Ibex35, ni de publirreportajes encubiertos. No es fácil, pero desde 2012 estamos demostrando que es posible.

Lamarea.com está editada por una cooperativa que apuesta por el periodismo de investigación, análisis y cultura. Y que cuenta con una #AgendaPropia. Llevamos años hablando de otro modo de la crisis climática, de feminismo, de memoria histórica, de economía, del auge del neofascismo… Podemos hacerlo porque miles de personas se han suscrito a nuestra revista o avalan nuestros proyectos. Ahora puedes unirte a esta comunidad. Entra aquí

¿Sabes que ‘La Marea’ rechaza la publicidad sexista y la del Ibex35?

Un medio debe ser tan libre como coherente.

Protege nuestra independencia.

SuscríbeteHaz una donación

Ter García

Ter GarcíaRedactora y miembro del colectivo editor de El Salto. Entre 2012 y 2016 formó también parte del colectivo editor de Diagonal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.