Sindicalistas de UGT durante la una huelga general en Madrid. FOTO: FERNANDO SÁNCHEZ.Sindicalistas de UGT durante la una huelga general en Madrid. FOTO: FERNANDO SÁNCHEZ.

Las sombras laborales de Gas Natural Fenosa

Gas Natural Fenosa (GNF) tenía en 2016 un total de 17.229 trabajadores, según la memoria anual de ese año, repartidos en más de 30 países. Las cifras que facilita sobre su plantilla son incompletas y la opacidad de la empresa no ayuda a despejar algunas incógnitas sobre sus condiciones laborales–rechazó contestar las preguntas que le formuló La Marea–. Con los datos disponibles e información facilitada por algunos sindicatos se dibuja un grupo con gran disparidad entre los empleados, que no solo depende de la filial y del país donde trabajan.

En España, su principal mercado, GNF tenía 7.452 empleados en 2016 (8.262 en 2015). Las condiciones laborales cambian sensiblemente en función de la antigüedad, el convenio y el cargo desempeñado. Existen diferencias entre la plantilla de Gas Natural y la de Unión Fenosa, la eléctrica que se incorporó al grupo en 2009, así como otras compañías adquiridas con anterioridad. “Los salarios no son espectaculares”, apunta un sindicalista de Comisiones Obreras (CCOO), “pero de media no son malos comparados con el resto del mercado”. Los datos muestran una tendencia a la baja entre quienes tienen sueldos más bajos, principalmente debido al menor salario de las nuevas contrataciones, una diferencia que “está generando malestar” en la plantilla, según esta fuente sindical.

Las personas consultadas para este trabajo piden anonimato por miedo a posibles represalias. Los sindicatos presentes en la multinacional de energía que accedieron a hablar con La Marea coinciden en que “la compañía aprovechó la crisis para justificar su política de austeridad”, pero admiten que, en general, sus condiciones laborales son relativamente buenas en comparación con otras empresas del sector eléctrico español. Destacan los avances en materia de conciliación y flexibilidad de horario, y aseguran que la empresa cuida su seguridad, da facilidades sanitarias, lanza campañas de concienciación a nivel interno y promueve prácticas sanas relacionadas con la alimentación o el deporte.

Además, GNF es la primera eléctrica española que obtuvo el certificado AENOR de Empresa Saludable, un diploma de pago que destaca el compromiso de la compañía con la salud y el bienestar de sus trabajadores  –La Marea trató de obtener más información del ente certificador, sin resultado–.

Sin embargo, la diversidad de condiciones laborales y los frecuentes retrasos para aplicar las revisiones salariales se suman a la creciente externalización de servicios por parte de GNF, estrechamente vinculada con la reducción de su plantilla.

Desde hace varios años, la gasista subcontrata a otras empresas para que realicen tareas como la instalación de contadores o la detección de fraudes en el consumo de luz. De esta forma reduce sus gastos operativos -los salarios en las subcontratas son inferiores- y evita manchar su reputación por problemas como el que tuvo lugar en febrero de este año, cuando 16 empleados de Meijide-Melca, subcontrata de Unión Fenosa, se encerraron en las oficinas de la eléctrica en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) en protesta por sus condiciones salariales. “Solicitan que sea Fenosa quien los contrate a ellos una vez que se hayan constituido en cooperativa”, publicó La Voz de Galicia.

“Sabemos que las condiciones [de los empleados subcontratados] son inferiores a las que tenemos nosotros (…). Los últimos accidentes graves no son de personal propio, sino de subcontratas”, explica un sindicalista de GNF que cita los casos de Cobra (filial de ACS, la constructora de Florentino Pérez) y Elecnor, dos grandes subcontratas de la compañía catalana en España cuyos índices de siniestralidad son claramente superiores a los de GNF. En 2016 el Grupo ACS registró 25 accidentes por cada 1.000 empleados; en total, 4.388 siniestros con baja y 14 muertos.

Opina distinto el Sindicato Independiente de la Energía (SIE), cuyos representantes afirman que “GNF es muy celosa con la seguridad en las subcontratas” y que hay compañías que se niegan a trabajar con la gasista catalana “por culpa de sus exigencias en riesgos laborales”. Además de la accidentalidad laboral, GNF minimiza los problemas de imagen que supone prescindir de parte de su plantilla. El último caso relevante fue el despido de 139 empleados de Cobra, después de que Unión Fenosa rescindiera el contrato con esa empresa tras recibir una oferta más atractiva por parte de Incatema.

La ley del silencio

Representantes de CCOO y SIE explican que cada empleado tiene una jornada anual de 1.672 horas como referencia, con cuatro meses de jornada continuada –hasta seis horas seguidas– que va de junio a septiembre y suma dos semanas en Navidad. Cuando surge un problema, la compañía anima a los trabajadores a acudir al Servicio de Atención del Empleado (hubo 178 quejas en 2016, según GNF) en lugar de a los sindicatos. A través de ese servicio, GNF recoge las quejas por teléfono o por escrito y gestiona los incidentes salvaguardando la discreción de puertas afuera.

Desde CCOO  (12% de la afiliación sindical en GNF) instan a los trabajadores a consultar con el sindicato antes de lanzar una reclamación – “es la única forma que tenemos para intentar solucionarlo” –, mientras que el SIE (cuya afiliación alcanza el 16%), ve con buenos ojos que los problemas se canalicen por esa vía en primer lugar. Los trabajadores que contactan con el Servicio de Atención al Empleado pierden el anonimato de cara a los jefes, un problema que resaltan ambos sindicatos, y que desanima a parte de la plantilla a denunciar problemas en su puesto de trabajo.

La compañía tiene un código de buena conducta, de cuya salvaguarda se encarga la Comisión del Código Ético, un órgano nuevo y “hermético”, integrado exclusivamente por directivos de la empresa que sirve para “evitar la vía judicial”, explica un afiliado del SIE. Los dos sindicatos muestran su malestar porque la empresa les impide participar en esa comisión “para evitar que salgan a la luz los casos más feos”, sostienen.

Sin embargo, otras organizaciones laborales presentes en GNF no comparten estas críticas acerca de la Comisión del Código Ético, incluido el sindicato mayoritario (Unión Sindical Obrera, USO), que se negó a hablar con La Marea. Fuentes sindicales consultadas por este medio subrayan la cercanía del sindicato de cristianos de base con la dirección de la empresa.

La nueva generación, más precaria

En España, dentro de GNF conviven dos culturas laborales distintas y bien diferenciadas. En Unión Fenosa toda la plantilla formaba parte del convenio y tenía el mismo horario, con cuatro meses de jornada intensiva en verano (desde las 8 hasta las 18 horas) y una jornada de 6,5 horas en invierno. El modelo en Gas Natural es distinto: los excluidos del convenio no tienen una jornada definida, sino que esta varía en función de lo que cada empleado pacta con la compañía, mientras que quienes suscriben el convenio sí tienen derecho a cuatro meses de jornada intensiva. Además, en cómputo global los trabajadores de Gas Natural dedican entre 20 y 50 horas más de trabajo de media al año que sus pares de Unión Fenosa.

Esta doble cultura laboral da lugar a “casos absurdos”, denuncia un empleado de GNF. Por ejemplo, los trabajadores excluidos de convenio están obligados a permanecer en su lugar de trabajo durante el verano y en jornada intensiva, incluso cuando sus funciones están subyugadas a otros compañeros que abandonan su puesto unas horas antes. “Yo tengo compañeros en mi misma posición que son excluidos de convenio y trabajan por encima de 100 horas más al año”, explica un sindicalista de GNF.

De esta forma, un supervisor sin convenio debe quedarse en su puesto incluso si sus supervisados, con convenio, salen antes de la oficina. “Se va el que aprieta tuercas y se queda el que supervisa al que aprieta tuercas”, resume un miembro del SIE. Plantear cambios en la política de horarios laborales de GNF se enfrenta a “una negativa tajante de la empresa, lo que ellos denominan una línea roja” que deja este tema fuera de cualquier reunión entre directivos y sindicatos.

Otra contradicción se produce, por ejemplo, en el reparto de equipos para trabajar desde casa. Explican los sindicatos consultados que la dirección entrega antes los dispositivos de teletrabajo a empleados excluidos de convenio, es decir, a quienes están obligados a hacer un mayor número de horas presenciales. Cuando los sindicatos tratan alguna cuestión que afecta a los excluidos de convenio, se encuentran con otra línea roja por parte de la compañía.

Sembrar la división a partir del convenio

A finales de 2016 los sindicatos y la dirección de GNF suscribieron un nuevo convenio (el segundo en su historia) que durará hasta 2020 -CCOO pidió revisarlo a los tres años pero no obtuvo apoyo-. El SIE es el único que no firmó este acuerdo por considerar que debería aplicarse automáticamente a toda la plantilla para evitar diferencias entre trabajadores.

El cuerpo del convenio está fraccionado en distintas empresas, pues GNF es el resultado de varias fusiones y adquisiciones – “es el hijo de muchas madres”, según un sindicalista–, entre ellas la de Unión Fenosa, pero la compañía no tiene prisa por homogeneizar la situación de sus empleados. “Alguien de Gas Natural puede estar muy mal y alguien del mismo puesto que esté en Fenosa puede estar muy bien, no es posible hacer una valoración global”, explican representantes del SIE.

De los 7.452 trabajadores de GNF en España, 5.365 tienen convenio y 2.087 están excluidos, un grupo que está creciendo más rápido debido a los beneficios que la compañía ofrece a quienes no lo firman. En otros países, la proporción varía de modo ostensible. En Alemania el 100% de sus trabajadores está sujeto a convenio, mientras que el porcentaje cae al 5,2% en Chile, al 3% en República Dominicana y al 1,8% en Italia. Bien porque no existe o porque la empresa no lo permite, ningún empleado de GNF en Uganda, Kenia, Perú, Portugal, Moldavia, Costa Rica, Guatemala, Australia y Holanda está sujeto a un convenio colectivo.

En España, dentro de estas dos categorías de empleados (con convenio o sin) también hay diversas condiciones. Incluso hay empleados que, más allá de los jefes de departamento, no tienen posibilidad de sumarse a dicho acuerdo colectivo. Los trabajadores fuera de convenio han de negociar su contrato a título individual, permitiendo así que la compañía aproveche la escasez del mercado laboral español para imponer sus condiciones.

GNF discrimina a sus empleados en el pago de una proporción más o menos elevada de su seguro médico en función de su categoría profesional. Las pólizas que ofrece la compañía en Adeslas (propiedad de Criteria Caixa) están totalmente cubiertas para directivos y sus familiares, y disfrutan de mayores bonificaciones los empleados recién llegados que están fuera de convenio y que solo ven cubierta una parte de su póliza.

No obstante, es en los planes de pensiones donde la desigualdad entre empleados se hace más patente. Esta es una de las herramientas que la compañía usa para desincentivar la adhesión de sus trabajadores al convenio de empresa. Normalmente GNF paga una proporción mayor o menor del plan de pensiones en función de la categoría salarial y basándose en criterios regresivos, es decir, aporta una mayor proporción a quienes más ganan y no a quienes tienen menor salario.

El sistema cambia para los empleados excluidos de convenio: a partir de un determinado salario –los más bajos no cuentan–, GNF paga el 100% del plan de pensiones, gestionado por La Caixa, igual que los seguros de salud. De esta forma, la gasista intenta “crear una élite en el colectivo de excluidos de convenio”, explica el sindicato SIE.

Índice completo del dossier #YoIbextigo sobre Gas Natural Fenosa aquí.

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josé bautista

josé bautistaRedactor de economía e internacional, centrado en el proyecto YoIbextigo.

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