Protesta de Greenpeace contra Gas Natural Fenosa. FOTO: GREENPEACE:Protesta de Greenpeace contra Gas Natural Fenosa. FOTO: GREENPEACE:

Propaganda y realidad en política medioambiental

Gas Natural Fenosa detalla su visión sobre la política de medio ambiente en un documento de 130 páginas con un diseño sofisticado que se titula Hacia una empresa baja en carbono. Tras unas primeras 20 páginas de comparativa científica y buenas intenciones, la empresa afirma que “existe una elevada probabilidad, pero en ningún caso una certeza absoluta, de que el cambio climático pueda dañar la biosfera”. [Pag.19] Más adelante, hay un estudio con una advertencia de fondo sobre el “coste de reducir los riesgos del cambio climático”.

El sector energético, por su naturaleza de proveer energía a hogares e industria, es uno de los más contaminantes. En España, Gas Natural Fenosa es la segunda empresa que más CO2 emite a la atmósfera (el 4% de las emisiones de todo el país), solo por detrás de Endesa y dos puestos por delante de Repsol, su segundo accionista mayoritario, según los datos de la Oficina Española del Cambio Climático, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente -dirigido hasta 2011 por Cristina Garmendia, hoy consejera de la compañía gasista-. GNF también cuenta con tres de las diez instalaciones que más gases de efecto invernadero emiten en nuestro país: las centrales térmicas de carbón de Ordes (A Coruña) y Robla (León), y la planta de ciclo combinado de Sagunto (Valencia).

La compañía mantiene una amplia estrategia, acompañada de una ambiciosa campaña mediática a todos los niveles, para posicionar al gas como fuente imprescindible en la transición hacia energías limpias, al mismo tiempo que pretende fortalecer su imagen como una empresa ecologista y comprometida.

La realidad muestra que las emisiones de CO2 y equivalentes de GNF siguen en alza, la apuesta financiera por las renovables es anecdótica y su estrategia para combatir el calentamiento global se centra en fomentar el consumo de gas natural, un combustible fósil que tras su uso emite un amplio número de químicos nocivos –aunque inferiores al carbón y el petróleo-. A ojos de la compañía, es el único remedio para asegurar la transición del petróleo y el carbón a las energías renovables. Durante el boom del ladrillo previo al estallido de la crisis, GNF invirtió masivamente en centrales de ciclo combinado (funcionan a base de gas natural), creando un exceso de oferta de este tipo de plantas de generación eléctrica.

Las cifras

La estrategia sobre cambio climático de GNF aparece explicada con claridad -junto con los galardones que recibe por ello- en múltiples páginas web de la empresa, folletos, informes de responsabilidad social corporativa y reportajes patrocinados. Según su declaración de intenciones, consiste básicamente en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante planes de ahorro y eficiencia, inversión en investigación y la promoción de sistemas de “movilidad sostenible”.

En el marco de esta estrategia GNF se fijó el objetivo de reducir sus emisiones un 7,5% entre 2013 y 2020. A menos de tres años para que termine ese periodo, el 77,9% de las instalaciones de Gas Natural siguen siendo contaminantes. Solo una quinta parte de su capacidad instalada está libre de emisiones contaminantes, y tan solo el 16,4% de la producción eléctrica de esta empresa puede presumir de ser limpia, según datos de la propia compañía. El 58,6% de la electricidad que vende GNF proviene de plantas de ciclo combinado, seguida de las centrales térmicas a base de carbón, petróleo y gas (15%), hidráulica (13,5%), nuclear (3,9%) y otras fuentes.

Durante el periodo de tiempo para el que desglosa datos, la gasista ha aumentado sus emisiones contaminantes de forma sostenida en términos totales y relativos. Por ejemplo, en 2015* GNF emitió sustancias nocivas (dióxido de carbono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, metano, etcétera) equivalentes a 22.423 kilotoneladas métricas de CO2, un 13% más que el año anterior, según indica en su apartado “Gestión responsable del medio ambiente”.

En el mercado europeo de derechos para emitir gases contaminantes, el coste para emitir una tonelada de CO2 es inferior a cinco euros, mientras que los expertos dicen que debería estar por encima de 30 euros para así promover la inversión en energías limpias.

Además, crecieron un 9,6% las emisiones específicas de CO2 de GNF hasta situarse en 445 toneladas de CO2 por cada Gigawatio hora, lejos del objetivo de 390 toneladas de CO2 por Gigawatio hora que la compañía difunde en sus campañas.

Los cálculos de GNF sitúan en 10,1 toneladas de CO2 su nivel de emisiones por cada kilómetro de su red de transporte y distribución de gas. Pero a pesar de esto y lo anterior, hay que leer la letra pequeña de sus informes para encontrar esta información. En las explicaciones más visibles, la empresa solo hace gala de las tecnologías renovables de más reciente instalación, así como de las “emisiones evitadas” gracias a sus planes de eficiencia, que en 2015 ascendieron a 15,4 toneladas métricas de CO2 y equivalentes, según los datos sin desglosar que publica.

*Los datos aquí expuestos se corresponden al informe de Responsabilidad Social Corporativa de GNF de 2015 y no al informe de 2016 porque la compañía dejó de publicar y desglosar varias cifras que consideramos relevantes.

Actualización (05/10/2017):

A finales de septiembre, Gas Natural Fenosa logró tumbar la cláusula del concurso eléctrico del Ayuntamiento de Madrid que favorecía la contratación de eléctricas que venden energía procedente de fuentes renovables y libres de emisiones de CO2. La compañía aseguró que es una cláusula “diabólica” y, después de que la Justicia aceptara el recurso de la gasista, el Consistorio de la capital decidió retrasar el concurso para el nuevo contrato de suministro eléctrico.

Índice completo del dossier #YoIbextigo sobre Gas Natural Fenosa aquí.

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josé bautista

josé bautistaRedactor de economía e internacional, centrado en el proyecto YoIbextigo.

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