arcelor mittal; arcelormittal; arcelor;Foto: REUTERS/Sebastien Pirlet

De la metalúrgica estatal al gigante ArcelorMittal: historia de una opa

Antes que ArcelorMittal, actualmente la mayor compañía metalúrgica a nivel mundial, fue Arcelor. Y antes fue Aceralia. Y aun antes, Ensidesa… La historia del gigante metalúrgico en España se remonta a 1882. Aquel año se constituyó Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, una sociedad que gestionaba una factoría en Barakaldo y los derechos mineros de los hermanos Ybarra.

Altos Hornos estuvo vinculada a nombres importantes de la sociedad y economía española, como Antonio López —marqués de Comillas, que además controlaba la industria ferroviaria y del tabaco, o Tomás Zubiría —también de la familia Ybarra—, a quien Alfonso XIII nombró conde de Zubiría. Este aristócrata compaginaba la vida política —fue diputado y senador— con la económica, mediante participaciones en la Compañía Española de Minas del Rif, ejemplo paradigmático de explotación colonial en cuyo accionariado figuraban el propio Alfonso XIII y el Conde de Romanones, entre otros.

En 1902 nacía Altos Hornos de Vizcaya (AHV), con la fusión de Altos Hornos de Bilbao, La Vizcaya —sociedad creada 20 años antes con infraestructuras en Sestao— y La Iberia —del empresario Francisco Goitia y Ostolaza, quien también tuvo a su lado, como apoyo financiero, a otro marqués, el de Urquijo, fundador de la Banca Urquijo—. La compañía resultante fue una de las mayores siderúrgicas de España, con un capital de 32 millones de pesetas.

En los siguientes años, AHV continuó con su crecimiento hasta alcanzar más de 5.000 empleados y contar con decenas de instalaciones mineras y pequeñas factorías repartidas por Cantabria, Asturias, Almería, Murcia, Guadalajara, País Valencià y Navarra. Al frente de la empresa figuraba Tomás de Zubiría, quien murió en 1932. Su sucesor fue Víctor Chávarri y Anduiz, también marqués e hijo de Víctor Chávarri, otro de los grandes personajes de la economía vasca. Faltaban pocos años para el golpe de Estado que acabó con la II República Española, un levantamiento militar que fue apoyado por los dueños de la siderúrgica. “Con la ocupación de Bilbao por los rojoseparatistas, que tradujo pérdidas, cada vez mayores, la continuidad de la explotación minerosiderúrgica, como necesariamente en aquellas lamentables condiciones tenía que acaecer […] en este último periodo iniciado el año 1936, fue propósito de Altos Hornos de Vizcaya apartarse del ambiente político económico y de relaciones con el Gobierno instaurado en Vizcaya por no querer intervenir en las fabricaciones de guerra que hubieran perjudicado a los que en la gloriosa Cruzada de Liberación luchaban por la verdadera España”, declaraba el informe de la dirección de la empresa a la Junta de Accionistas celebrada el 15 de junio de 1938.

Su posicionamiento junto a los golpistas se tradujo en poco tiempo en beneficios económicos, resultado de su posición casi monopolística en el sector del acero, y de la política autárquica de Franco, que reservó a AHV todo el mercado siderúrgico hasta 1950. Aquel año, el régimen franquista constituyó la Empresa Nacional Siderúrgica Sociedad Anónima (Ensidesa), con sede en Avilés, la otra gran pata que, junto a AHV, levantaría Aceralia 40 años después.

En sus primeros años, Ensidesa se convirtió en la empresa estrella del franquismo. Su primer gran horno llevaba el nombre de Carmen en honor a Carmen Polo, esposa de Franco, quien acudió personalmente y acompañada del dictador a su inauguración, en 1957. Tras la absorción de Uninsa, en 1973, creada 12 años antes para unificar las antiguas fábricas siderúrgicas asturianas, Avilés se convirtió en uno de los principales polos de esta actividad industrial.

Mientras, el ministro de Industria, Gregorio López Bravo, mimaba a AHV, a la que cedió los Altos Hornos del Mediterráneo, creada en 1971. López Bravo tenía buenas relaciones con el empresariado del acero. Según mostró la investigación Los Papeles de la Castellana, realizada por Fíltrala en colaboración con La Marea, eldiario.es y Diagonal, el entonces ministro de Industria ayudó a otro gran nombre del sector siderúrgico de la época, José María Aristrain Noian, fundador de la Corporación Aristrain, a ocultar dinero en Liechtenstein desde los años 60 hasta su muerte, en 1985. El apellido Aristrain llegaría también a ser parte de la historia de ArcelorMittal, pero para ello aún faltaban tres décadas.

Restructuración y reventa

En la década de los 70, AHV se expandió por País Vasco y Navarra, con la compra de empresas de Echévarri y Lesaka. También adquirió la constructora Obrascón. En 1987, el empresario Juan Miguel Villar Mir compró Obrascón a AHV por una peseta. Finalmente, el ex ministro acabó presidiendo AHV.

En aquellos años, AHV era la principal empresa de País Vasco, con unos 14.000 trabajadores directos, la mayoría de ellos en Barakaldo y Sestao. A finales de esa década comenzó su declive, en parte debido a la eliminación de aranceles que supuso la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. En 1979 se nacionalizó la filial de AHV, Altos Hornos del Mediterráneo. A principios de los años 80, las deudas de AHV ya alcanzaban los 16.000 millones de pesetas y, para su refinanciación, la empresa vasca aceptó un acuerdo que supuso un recorte en su plantilla de 5.800 trabajadores, además de contenciones salariales para los siguientes años.

Pero las sucesivas reformas realizadas fueron insuficientes y en 1994, a raíz del Plan deCompetitividad Conjunto AHV – Ensidesa, se constituyó la Corporación Siderúrgica Integral (CSI), creada por el Instituto Nacional de Industria, con el objetivo de privatizarla. Este plan supuso la eliminación de 10.347 de los 24.489 puestos de trabajo que sumaban entonces las dos empresas, y la recepción de ayudas públicas por un máximo de 776.000 millones de pesetas. La privatización —impulsada por el Gobierno del Partido Popular— se consiguió tres años después con la entrada de Arbed, siderúrgica de Luxemburgo que se hizo con un 35% del capital de la que a partir de ahora se llamaría Aceralia. En 1998 entra en escena el Grupo Aristrain. El primer fabricante español de perfiles fue comprado por Aceralia a cambio de que José María Aristrain se quedara el 10,8% de las acciones de la sociedad resultante, las cuales se llevó a Luxemburgo. Estas acciones se convertirían en el 2% de ArcelorMittal y por estas participaciones, Aristrain hoy está pendiente de juicio por delitos de evasión fiscal.

En 2001 la compañía volvió a cambiar de nombre con la fusión de Arbed, Aceralia y la francesa Usinor. El nuevo gigante del acero europeo, con sede en Luxemburgo, se nombró Arcelor y se disputaba con Mittal Steel, el gigante indio, el primer puesto en el sector siderúrgico mundial.

2006: Mittal se come a Arcelor

“Mittal fabrica colonia y Arcelor, perfume”. La frase, pronunciada por el entonces consejero delegado de Arcelor, el francés Guy Dollé, fue lema de la oposición a la oferta pública de adquisición (opa) lanzada por Mittal Steel sobre Arcelor a inicios de 2006.

Lakshmi Mittal, multimillonario indio propietario de Mittal Steel, se había metido entre ceja y ceja hacerse con Arcelor y le costó, pero lo consiguió. De ofrecer 18.600 millones de euros por el 100% de la compañía en enero pasó a los 26.900 millones en junio. Y los accionistas, el primero de ellos José María Aristrain, quien siempre se había mostrado a favor de la compra por parte de Mittal, dijeron sí.

En 2010, cuatro años después de la fusión, Lakshmi Mittal borró la representación española y la de los trabajadores en el consejo de administración de ArcelorMittal. La composición del órgano de dirección acordada en la fusión reservaba seis de los 18 puestos a representantes de Arcelor, otros seis a Mittal Steel y los seis restantes a representantes de accionistas y trabajadores a partes iguales. A día de hoy, el consejo pasó a estar compuesto por nueve personas, todas ellas empresarias.

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Ter García

Ter GarcíaRedactora y miembro del colectivo editor de El Salto. Entre 2012 y 2016 formó también parte del colectivo editor de Diagonal.

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