El alcalde de A Coruña Alfonso Molina con Pedro Barrié de la Maza y Franco. FOTO: GALICIA UNICA.El alcalde de A Coruña Alfonso Molina con Pedro Barrié de la Maza y Franco. FOTO: GALICIA UNICA.

De Franco a Aznar: la historia de Gas Natural Fenosa

En la historia oficial de Gas Natural Fenosa incluida en su página web existe un silencio llamativo sobre la Guerra Civil y la dictadura. Como si aquel periodo histórico no hubiera tenido nada que ver en la consolidación económica de una de las empresas que hoy dicta los designios políticos desde el parqué del Ibex 35. Un olvido interesado que no se corresponde con la realidad de la conformación del imperio de una de las compañías más importantes del sector eléctrico.

La actual Gas Natural Fenosa nació en 2009 tras fusionarse Gas Natural y Unión Fenosa. Estas corporaciones, a su vez, nacieron de la fusión de varias empresas. Gas Natural se creó en 1991, tras la unión de Catalana de Gas, Enagás y Gas Madrid. A su vez, Unión Fenosa surgió en 1982 de la fusión de Unión Eléctrica Madrileña y Fuerzas Eléctricas del Noroeste (FENOSA).

El dueño de FENOSA, Pedro Barrié de la Maza, protagoniza el episodio más oscuro de la historia de la compañía. El empresario coruñés era un íntimo amigo de Francisco Franco y, a su vez, uno de los financieros del bando fascista que se sublevó contra la República. La cercanía de Barrié de la Maza con el régimen ayudó al también dueño del Banco Pastor a progresar tanto en los negocios como en las relaciones sociales de la época.

En 1955, Franco otorgó al empresario el Condado de Fenosa en agradecimiento a su colaboración con la causa franquista. No en vano, Barrié de la Maza fue uno de los grandes promotores de la cuestación popular obligatoria que varios prohombres de la dictadura llevaron a cabo para regalar el Pazo de Meirás al Caudillo.

Pedro Barrié forjó su imperio, sobre todo, gracias al asesinato del diputado republicano Pepe Miñones, quien hasta su fusilamiento en 1937 controlaba el sector de la electricidad en la región a través de su empresa Unión Eléctrica Coruñesa.

Miñones competía, tanto en los negocios como en la política, con Barrié y con Luis Cornide Quiroga, propietarios de la Sociedad General Gallega de Electricidad. La rivalidad empresarial con dos de los más ilustres miembros de los conservadores coruñeses le pasó factura tras el golpe de Estado de 1936, y acabó represaliado. El historiador local Luis Lamela narra en su libro Pepe Miñones: Un crimen en la leyenda (1900-1936) cómo influyó el fusilamiento del diputado izquierdista en el devenir del sector eléctrico.

“La desaparición de Pepe fue decisiva para el derrumbamiento de aquella sociedad (Unión Eléctrica Coruñesa) que tanto mimó en los años en que estuvo al frente de ella. Con él se fue el hombre de empresa, el líder, el creador de riqueza. Y eso lo sabían sus competidores. Y como raíz necesaria para que el árbol sostenga sus ramas, ayudaron, de alguna forma -y esta seguirá siendo siempre una incógnita – a cortarla, para que poco a poco se fuese secando y cayesen los frutos en sus manos. Unos frutos limpios, como limpio fue el hombre que los creó”.

En los años previos a su fusilamiento, Pepe Miñones tuvo que luchar contra los ataques de las fuerzas vivas del conservadurismo gallego. Pedro Barrié, con el Banco Pastor, y el diputado de derechas Luis Cornide, con la colaboración del periódico El Ideal Gallego, pusieron todo de su parte para terminar con la competencia de Miñones.

El golpe de Estado y la Guerra Civil propiciaron el momento perfecto para liquidar a la competencia, según dejó escrito el diputado republicano en una carta que recoge Luis Lamela: “¡Dios perdone a los que me han hecho tanto mal!”. La desaparición de Miñones, las presiones externas y alguna medida legislativa franquista que dificultó el devenir de Electra Popular Coruñesa propiciaron el hundimiento de la Casa de Banca de los Miñones, que se encargaba de financiar a la eléctrica. El 30 de marzo de 1948 terminó la agonía y Pedro Barrié de la Maza consiguió recoger los frutos al adquirir el negocio de su competidor, asesinado 11 años antes por sus ideas y competitividad empresarial.

La historia de las empresas que acabaron formando parte de Gas Natural Fenosa no se circunscribe únicamente a la cercanía al régimen franquista, ya que los orígenes de todas las corporaciones que han acabado en la eléctrica española se remontan en algunos casos a mediados del siglo XIX. Una de estas compañías fue la Sociedad Catalana para el Alumbrado por Gas (SCAG), encargada de suministrar en 1843 el primer servicio público de alumbrado en Barcelona. La sociedad, que posteriormente se llamará Catalana de Gas, fue la más importante de las que acabaron en Gas Natural Fenosa, pues introdujo en España el gas natural en 1965. Catalana de Gas logró importar este producto desde Libia y Argelia a través del gasoducto del Magreb, bautizado con el nombre de Pere Duran i Farell en honor al presidente de la empresa en aquellos años.

Duran i Farell es, sin duda, uno de los empresarios del sector eléctrico más importantes de nuestro país. Nacido en Caldes de Montbuí (Barcelona) en 1921, era ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Comenzó a trabajar a los 25 años en Hidroeléctrica de Cataluña, propiedad del Banco Urquijo, y jamás abandonaría la empresa, en sus diferentes acepciones, hasta su muerte. Fue llamado “el hombre del gas natural”, al ser quien lo introdujo en España.

El industrial catalán ascendió a consejero delegado de Catalana de Gas en 1961 y pronto logró dos hitos en la historia de la energía en España. El primero fue el acuerdo con Standard Oil, para instaurar el gas natural en España a través de la importación de gas licuado de Libia a una planta del puerto de Barcelona, inaugurada por Franco en 1970, donde se transformaba para su redistribución. Ese acuerdo acabaría con la constitución de Gas Natural S.A. de la que formaban parte Standard Oil, Catalana de Gas y Banco Urquijo, con Duran i Farell como presidente. Su eficiencia a la hora de conseguir acuerdos se volvió a poner de manifiesto tras el golpe de Estado del coronel Muamar el Gadafi en Libia en 1969: con los contratos con la compañía norteamericana en riesgo, Duran se vio obligado a buscar nuevas alianzas de distribución, esta vez en Argelia.

El empresario tenía una enorme sintonía con las élites tecnócratas franquistas, de la mano del titular del Ministerio de Industria, Gregorio López Bravo. El ministro propuso y nombró a Duran como miembro del grupo de trabajo hispano-francés que debía estudiar la creación de una central nuclear en la provincia de Girona. En primer lugar se barajó la construcción en Pals, pero finalmente se eligió Vandellós (Tarragona). Esa cercanía y el favor del régimen le permitió establecer, en pleno franquismo, negociaciones con los sindicatos sin que le supusiera ninguna represalia en los estertores de la dictadura.

Los contactos del presidente de Gas Natural con las élites políticas siguieron tras la muerte de Franco. Duran fue uno de los enlaces más importantes entre la política catalana y la española, e impulsó el diálogo entre Jordi Pujol y Felipe González -con el que tenía una amistad muy cercana-, que se concretó en los pactos de gobierno de 1993, cuando el PSOE perdió la mayoría absoluta y necesitó el apoyo de CiU. Según contaba El País en el obituario dedicado al empresario (1999), las negociaciones se desarrollaron en la casa que Duran tenía en Premiá de Dalt, y el acuerdo se conoció como el “Pacto de los bonsáis”, por los árboles de esta especie que poseía el industrial barcelonés. Una afición que compartía con Pujol y con González.

Duran i Farell era consciente de la importancia que tenía para la estabilidad de la economía y el progreso de su empresa una estrecha relación con y entre los actores políticos. Gran defensor de los consensos, en 1996 promovió de nuevo un acuerdo con CiU cuando el PP se impuso en las elecciones generales sin la mayoría suficiente. Al igual que tres años antes, Duran fue el principal impulsor de las reuniones entre José María Aznar y Jordi Pujol que se concretarían en un pacto de gobierno fraguado en los encuentros previos en su propio domicilio. Las relaciones con la política que fraguó el industrial no fueron olvidadas por sus sucesores Salvador Gabarró y, sobre todo, por el empresario más influyente de nuestro tiempo, por encima, incluso, de Emilio Botín: el actual presidente de Gas Natural, Isidro Fainé.

Índice completo del dossier #YoIbextigo sobre Gas Natural Fenosa aquí.

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